Wednesday, June 19, 2013

Lo cotidiano...


Caminar sobre musgos y adoquines,
esperando la madrugada en una estación cualquiera,
bajo la intensa lluvia que acaricia los rieles,
el frío rocío de la noche.
Respirar el aire helado de una ciudad que duerme,
acumulando el tiempo con horas muertas que no vuelven.
El verdor del campo donde crecen los altos pinos
estremeciendo su silencio,
con el amor a cuesta y su andar infinito,
cerca de las tempestades,
lejos del mar,
en la quietud del tiempo.
Amores irreverentes que han de pasar
apareando su éxtasis bajo la luna llena,
regando sus mieles,
sus amapolas en victorias de ahora .
El andar apresurado de la gente,
la fatiga en el aire,
la brisa que ciega la calma,
la muerte segura de un perro
que arraigado a su dueño busca partir tranquilo.
Alguien que rasga en su guitarra tonadas de otoño,
entre hoja secas,
bebiendo el vino en la tarde,
vaciando sus despensas.
El viento no perdona,
oprime,
asecha.
un viejo amor que vuela lejos,
sin una despedida.
Lo cotidiano,
la brisa,
lo alejado de los sueños.
Una mujer que acumula noches
las esperas infinitas,
historias frecuentes,
los vicios,
la gente,
el parque,
los niños,
los enamorados,
las historias,
los momentos,
el bosque ahoga el silencio,
el mar toca la orilla, las olas,
el viejo y su cansancio a cuesta.
La silueta que transpira,
el color de las sombras,
una tarde de abril,
dos que se aman...
y una herida abierta.





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